Exportar ¿difícil? Parte II

Durante toda el diplomado se fue acrecentando los lazos entre los participantes, se aprendían nuevos conceptos: incoterm, carta de crédito, agente aduanal. Una bola de cosas, pero lo más relevante era lo que teníamos que hacer para exportar y ahí comenzó una revolución.

Todos los expositores nos daban sus impresiones, sus conocimientos del tema que les tocaba, pero invariablemente todos concluían: que la exportación no era la tabla de salvación de las empresas. Es un paso para crecer. Por lo tanto la empresa debe estar capacitada para los volúmenes de la producción que nos iban a demandar, debe estar capacitada administrativamente para atender esas nuevas demandas, debe estar capacitado en idiomas extranjeros, inglés de "cajón".

De pronto, ya me quería salir. No es posible soy una "micro" como voy a lograr todo eso. Pero continúe y aprendía más. Participaba, preguntaba, hacía buenos amigos. Y oía decir a los expositores fortalezcan sus empresa, consoliden la empresa en el mercado nacional, estructuren la empresa pensando en la exportación. Y dale, pensé, ya sé.

Entonces llego el final del diplomado, fue un alboroto, los amigos festejamos, como niños de kinder (pre-primaria) que pasan a la primaria. Con grandes planes pensando en los cambios que debíamos hacer otros desistiendo del proyecto.

En mi caso, me decidí a iniciar el cambio de la empresa para algún día a lo mejor exportar. De todos modos todo lo que nos enseñaron fortalecía la empresa y algo que necesitábamos.

Durante todo este tiempo aprendí una lección: PREGUNTAR. Si PREGUNTAR, muchos años pase junto a mis hermanos, probando nuevas estrategias, nuevas formas de hacer las cosas, reinventando todo, pero no dejábamos madurar algún proyecto o a lo mejor lo dejábamos madurar mucho. Así que decidí a PREGUNTAR. Para hacer esta actividad tenía que saber a quién preguntar. Y ahí comencé un largo camino de asesores, consultores y funcionarios de gobierno.

Una inversión interesante en recursos económicos y más en otro recurso más difícil y no renovable: el tiempo. Aprendí que los asesores son simple mortales. Son personas. Increíble. No son los genios en administración o en finanzas. Son gentes con experiencia en algún tema derivado de su formación escolar y laboral y en algunos pocos casos de su experiencia empresarial. De pronto me decepcioné de ellos. Al final las respuestas las tenía Yo. Siempre estuvieron ahí. Y quería mas, quería la fórmula mágica. Estaba invirtiendo dinero y TIEMPO.

Después de reflexionar, comprendí que aunque las respuestas estaban ahí cerca de mi no las veía, mi función debía ser comenzar a PREGUNTAR. Normalmente uno se confiesa con el asesor esperando que él dé como respuesta la fórmula mágica. Y no es asi, el consultor es una persona que gana dinero de las horas que te asigna y que ya te cotizó y comenzó a cobrar, entonces Tu lo que debes hacer no esperar que el asesor te dé como algo absoluto su fórmula, uno debe cuestionar, poner a prueba lo que el asesor te diga y más importante dedicarle el tiempo necesario.

Muchas veces uno cree que al pagar ya se tiene ganado todo el resultado, pero el asesor va armar sus conclusiones con la información que tenga, si tiene poco, poco va ser lo que va aportar. Uno debe construir junto con el asesor la solución, si no lo haces es dinero tirado y como dije antes, lo peor el TIEMPO desperdiciado.

… toda esta experiencia es fabulosa, lo escribo y lo disfruto ya que ha sido experiencias ricas y agradables más que desagradables… seguiré…


 

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